viernes, 7 de marzo de 2025

Lo perdido

 Estoy aquí, frente a la computadora redactando los fundamentos con pruebas de mi defensa ante la difamación que hoy sobre mí hace "mi parcerito". Lo único que nos pedimos hace 12 años fue siempre ser confidentes, ser cómplices y un equipo. Eso terminó hace tantos años y hoy, mientras recabo pruebas que remueven el dolor, que dejan ante mis ojos la evidencia de que no había solución ni vuelta atrás desde hace mucho tiempo me pregunto si vale la pena oscurecer todos los recuerdos que fueron buenos, si mancharlos con la marca del odio que ahora presentamos ante un juzgado.

Veo las capturas y veo "mi triunfo". Veo en ellas toda la violencia de S (su nombre poco a poco quedará sepultado para siempre). Encuentro en ellas la forma de que todos se den cuenta de lo violento que es, de que el mundo vea el infierno en el que viví los últimos años. Es la oportunidad de que mi voz tenga tono de verdad. Es lamentable que para que todos me crean tenga que exponer mi dolor, tenga que exponer el dolor de S. Al final toda esa violencia no era más que una rabieta que venía desde lo más hondo de su infancia. No peleaba contra mí, peleaba contra ese abandono de su madre; esa madre que no ha podido liberarse de su culpa, que por ella lo defiende como si fuera un niño de 4 años. 

Puedo verlos con compasión. Puedo entender qué pasa en ellos y me pregunto si me atreveré a mostrarlo todo. ¿Hay aún algo de complicidad entre nosotros? ¿Acaso esa exposición de celos, de inseguridades, de desesperación debe salir a luz aún cuando en ese momento confiamos el uno en el otro al grado tal de dejar salir todo eso? Los abogados incitarán a ellos. Sin embargo yo no puedo sino recordar a aquél al que en su momento quise querer. Recuerdo sus ojos siempre abrumados, su mirada vacía, su anhelo desesperado por ser amado. Recuerdo cuánto me esforcé en quererlo hasta que lo quise, poco a poco, hasta que encontré en él la bondad, el lado amable, la parte ligera. Ese enamoramiento duró tan poco y fue cada vez más difícil ver a ese niño abandonado llorando por su madre. Ese niño que tantas veces me retrataron desde el dolor, la culpa, desde el llanto, movió fibras muy hondas en mí y decidí quedarme, decidí abrazar a ese niño, hasta que se volvió caníbal. 

S, la madre de S, también sufre su propia batalla. Pensé en ir contra ella, en mostrar toda la violencia que alguna vez desplegó contra mí. Sus intentos de ninguneo, su afán de resaltar mi "inferioridad" frente a su hijo y luego esa excesiva generosidad que generaba, sin duda, una confusión constante. ¿Te doy cosas para que te dejes golpear o te golpeo pero me disculpo regalándote cosas? Al final nada es personal, quizás S intentará ir contra S, mi hija. Quizás S intenté golpearme golpeándola a ella. Quizás sólo intenta desquiciarme. ¿Quiero yo desquiciarlo? Quizás baste que el mundo sepa que salí de esa relación con la cabeza en alto, en mucha fuerza, con mucha tranquilidad y mucho amor contenido para darlo a quien supiera amar mi alma rota. Quizás baste gritarle al mundo que soy feliz pese a los momentos de sufrimiento que S sigue propinándome. ¿Si el mundo supiera que casi muero por intentar permanecer a su lado, que no podía más, que mis años más felices con él fueron cuando no estuvo conmigo? 

Sí, yo fui muy feliz en Alemania, fui muy feliz en Xalapa y soy muy feliz sabiendo que ya no está en mi vida. Nunca existió entre nosotros la completa felicidad, pero es cierto que en algún momento lo quise, y lo quise mucho. Quizás jamás logré amarlo. Ahora sé qué es amar y lo bien, lo tranquilo, lo seguro que se siente hacerlo. A veces siento malestar de saber, de darme cuenta, que pese a todo mi esfuerzo, no pude amarlo. Quizás si antes me hubiera dado cuenta de que eso no era amor, que sus celos no eran amor, que su violencia no era amor, que su manipulación no era amor, y que mi sometimiento no era amor, que mi sumisión no era amor, que mi resistencia no era amor, lo habría dejado para que buscara a alguien que sí pudiera amarlo. Pero ahora podrá hacerlo, podrá encontrar quien pueda amarlo de verdad. 

No lo haré. No mostraré su dolor, su llanto de niño abandonado. Seguiré abrazando ese niño que vi en él y que quise tanto, ese niño que me hizo anhelar a S. Me defenderé y defenderé eso lugar de confidencia, ese lugar que alguna vez tuvo forma de cariño. Me protegeré y lo protegeré a él de sí mismo. Será mi último acto de cariño: tenerle compasión.