sábado, 28 de junio de 2025

Respuesta a la justificación de un narcisista

Parece muy conveniente, y hasta convincente, recurrir a las letras para justificar la crueldad, el desprecio y el afán de control. ¿Ojo vigilante de la inteligencia? Esa inteligencia lo llevó a ver cosas que no había, a ensuciar tanto el agua en la copa con su propia podredumbre y miseria, esa que lleva cargando años, de la que lleva huyendo unos tanto más; con la que contamina todo a su paso, aun un cuerpo de agua inmenso.

Resulta conveniente recurrir a Bourdieu para explicar el "resentimiento"; así hay justificación científica, intelectual y académica para ser un canalla, un torturador cruel que año tras año, día tras día, sistemáticamente, fue destruyendo el espíritu de alguien para acoplarlo a sus necesidades, a sus búsquedas y gustos; para encerrarlo en su propia soledad. ¿Esa persona realmente creerá, con todo su discurso de meritocracia de falsa "clases altas", que el resentimiento nace de haber allanado el camino? No hay resentimiento contra alguien que supo ser amorosa y cuidadosa con lo que tenía. Cierto que esa persona no existió, pero lo que hay es miedo a su violenta indecisión, no resentimiento. 

No. No es resentimiento. ¿Acaso esa persona cree que bajo la conciencia de que se es polvo y al polvo volveremos, alguien tiene espacio en su alma, en su mente, para el resentimiento? ¿Acaso cree él que es envidia? ¿Envidia de qué? ¿Envidia de no poder controlar los celos, de ejercer la crueldad de forma constante, la burla inmediata, la contradicción, la indecisión, el desprecio absoluto contra todos y todo? ¿Creerá él que el mundo envidia su inseguridad disfrazada de intelectualismo? ¿Creerá que se envidia su capacidad para pisotear a otros? ¿Qué caminos allanó? ¿Qué bien hizo? ¿Cuál es esa "clase destino"? ¿La clase en la que las madres violentan brutalmente a sus hijos constantemente? ¿Esa clase en la que los hijos se vuelven maridos de sus madres? ¿Esa clase que se caracteriza por maridos celosos, prepotentes y dominantes, pero ausentes y descuidados cuando de su madre se trata? ¿Esa clase en la que proliferan los maridos que señalan como "desagradecimiento" cualquier distancia que se trate de poner frente a la violencia sistemática de aquél que se cree de mejor familia? 

Bourdieu también tiene respuestas para esto, pero es claro que el uso de IA está sesgada para satisfacer al usuario y alejarlo de la autocrítica, para permitirle justificar su propia crueldad, ver en el otro un "errático" rumbo, para justificar haberse quedado "del otro lado de la orilla" cuando todo se volvía inundación, cuando todo se volvía caudal. Entonces él decidió no hacer nada y sólo permanecer en una orilla cuando la represa se volvía insostenible, cuando se le suplicó antes de dejar que todo se desbordara que parara con tanto golpe contra el dique de la represa. Era mejor establecer, como ritual, el sacrificio de la esposa y su hija para mantener contenta a su madre, procurar a sus amigos hipócritas -todos ellos, que ahora le ofrecen el hombro para sus falsos lloriqueos, intentaron robarle a la esposa-; era mejor insistir en su superioridad intelectual, presumir de su elevada inteligencia frente el estado terapéutico, pisotear a aquella que dice haber ayudado a ascender. ¿Ascender a qué?, ¿a dónde? 

Es fácil culpar al río del desastre cuando se contuvo durante tantos años y no se supo liberar, no se supo dejar en libertad. El agua siempre vuelve a su cause y las presas, prisiones, no lo son.

Resulta muy fácil y conveniente decir que se le ayuda a ascender a aquel al que primero se pisoteó, se maltrató, se desfiguró y se humilló. "¿Por qué es malagradecida, resentida, cruel y canalla aquella mujer que tras haber sido vejada de todas las formas me abandona con violencia, de forma súbita?", dice el narcisista al mundo, para mostrar su sufrimiento. 

"Súbita" es la palabra que resulta más indignante. Súbito: improvisto, repentino, precipitado, impetuoso o violento. ¿Súbito? ¿Será que confunde lo súbito con lo explícito? ¿De qué manera puede ser súbito algo que se advirtió de todas las formas tres años antes de "ocurrir"? Las rupturas no se dan de forma súbita, las rupturas se explicitan. Lo súbito es una justificación frívola. Esto suena a la disculpa, justificación o respuesta del negligente cuando el dique de una represa se rompe de forma "súbita". No se trató de negligencia en el mantenimiento, en la construcción, en la revisión, en el diseño, en poner más empeño en la fachada que en la estructura, en el cuidado de la represa, en permitir el flujo y la libertad del agua. No. Fue algo que ocurrió de forma súbita porque el agua es cruel y un "poco canalla", rasgo de todos los ríos. ¿Debió vigilar el dique? Lo vigiló, pero jamás con inteligencia. No se trataba de diseñar una prisión, se trataba de comprender el flujo del río. Quizás él por inteligencia, por intelecto elevado, se refiere a esa actitud prepotente por controlar todo, con crueldad, desprecio y humillación. 

No se trató nunca de vigilancia, ¿querría el señor vigilar el espíritu, el alma, los anhelos, el amor cual Dios que no es? Era tan fácil como escuchar. Bastaba escuchar cuantas veces se pidió que dejara de pisotear, que dejara de maltratar, que dejara de utilizar todas sus herramientas de "intelectual elevado" contra la persona que más lo quería sobre la tierra. Lo quería, es cierto, pero jamás hubo amor. El amor no puede prosperar en medio de la desconfianza, del desprecio, de la exigencia de agradecimiento, de pleitesía y sumisión. La sumisión se da, curiosamente, como consecuencia del amor, de esa necesidad amorosa que sentimos de pertenecer a alguien. De ese abandono involuntario al cuidado del otro.

Pero, ¿por qué maltratar tanto a quien sólo busca amar?, ¿a quien solo buscaba entrega sin lograrlo por la desconfianza mutua cada vez más abismal? ¿Porqué golpear y cimbrar tanto el dique para que el río demostrara que era leal, fiel, que cumplía el trato? ¿Por qué golpearlo más cuando el dique comenzó a romperse? ¿Por qué construir una fachada, pintarla y presumirla cuando el agua estaba a punto de romperlo todo? ¿Por qué insistir con los golpes, con la explosión, cuando el dique ya no tenía estructura? ¿Por qué aferrarse a los escombros de lo que él mismo rompió para contener el río?

Ahora llama "errático" el caudal del río que reposa "en otro" lecho, que sigue su camino al mar en libertad, con la fuerza propia de su naturaleza. Reposa en su lecho natural. Antinatural, errática, cruel es la represa que deforma, estanca, pudre, las figuras del agua. Si algún día el río desaparece no será por el errático caudal que adquirió tras haberlo roto todo, no de forma súbita, pero sí violenta; desaparecerá porque habrá muerto, como todas las cosas, como todo en esta tierra, porque "polvo somos y al polvo volveremos". Y precisamente porque me sé polvo y sé que al polvo volveré, no podía seguir viviendo con máscaras, dentro de una fachada en la que sólo había desprecio disfrazado de generosidad intelectual, en la que sólo había ofertas para construir una deuda, para exigir agradecimiento, donde sólo había desprecio -que pronto fue mutuo-, recelo, desconfianza y simulación. 

Cuarenta, cincuenta  o hasta cien años es en realidad poco tiempo de vida. A los treinta y siete entendí que la prisión en la que me encontraba destruida mis ganas de vivir, supe que un día iba a mirar atrás y me preguntaría ¿qué es el amor? ¿qué es la compañía? Ya había olvidado que se siente estar viva. Me reprocharía, pensaba en mi yo del futuro, el no haberme arriesgado a romper esa simulación que me aprisionaba.  Claro que quise querer al constructor de represas, y lo quise profundamente, le di todo el cariño que era capaz dar. Cada vez fue menor, naturalmente. Cada vez el cariño, el contacto, la compañía y el diálogo se mermaron a consecuencia del desinterés, las malas formas, los reclamos, los insultos, el deprecio, la humillación. Todo se cayó, pero no de forma súbita, cuando la violencia fue explícita, cuando el control se volvió delito, cuando se rompió el pacto de libertad para mantener una estructura para un fin específico, que no era más que otra trampa. Pero no se puede amar realmente en una prisión, no se puede amar en la turbulencia, en el maltrato constante, en el descuido, en la contaminación.  

Una gran pasión se suple con otra gran pasión. Pasión es lo que los ríos representan en esta vida. Pasión es lo que he podido conocer desde la libertad. Entrega, sumisión y amor fueron tres formas que la valentía y la confianza otorgan. La cobardía revestida de intelectualismo jamás podrá entenderlo. En los constructores de rancio abolengo, solo queda la venganza como única forma de pasión. Qué Dios nos ampare de su ira, de su toxicidad, de su podredumbre y de su perpetua negligencia. 

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